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NOTA DE PRENSA

Fuente: La Estrella de Panamá
MARIO A. ROGNONI

2011-01-03 Y o recuerdo en la década de los setenta, hace más de 35 años, cuando ilusionados hablábamos del Desarrollo de Cerro Colorado. Omar Torrijos tenía mucha fe en que el segundo mayor yacimiento de cobre de América nos ayudaría a salir de la pobreza y lanzarnos al desarrollo. Las personas de mayor confianza del general fueron encomendadas para dirigir la empresa estatal, bajo la gerencia de su amigo intimo Rodrigo (Rory) González. Recuerdo que se había dado la concesión a la Canadian Javelin y se construyó el campamento que al día de hoy mantiene oficinas de COEMIN, la agencia oficial diseñada para su desarrollo. Yo recuerdo el apoyo que los indígenas daban al proyecto y recuerdo las lamentaciones cuando por culpa del precio del cobre se suspendieron las expectativas de poder desarrollarlo. Eran tiempos donde el cobre estaba a menos del balboa por libra.

Más reciente, recuerdo en el gobierno de Martin Torrijos, cuando vino a Panamá una delegación de la República Popular China interesada en el desarrollo de Cerro Colorado. Recuerdo haberlos llevado a hablar con el Ing. Jaime Roquebert, entonces director general de CODEMIN y cómo los llevaron al sitio de Cerro Colorado y los atendieron en el propio sitio de la mina, en el campamento aun en uso por la entidad. Tampoco en ese momento notamos ninguna objeción por parte de los indígenas de la región.

Hoy, cuando el valor del cobre ha aumentado a niveles nunca pensados antes, cuando la demanda del mineral lo hace apreciado por los países desarrollados de Asia, ahora escucho argumentos nuevos y contradictorios de la comunidad indígena del área. Los miembros de la Comarca ahora parece que quieren seguir siendo pobres. Un área, donde no hay absolutamente nada de desarrollo, donde no hay industria agrícola, no hay producción ganadera para comercializar, no hay lechería que cuente, no hay producción agrícola comercial, tampoco quieren aprovechar su recurso mineral. En menos de cuatro décadas de tiempo, de la esperanza de superación que daba la posible ejecución de la mina de Cerro Colorado, a los cierres de calles y manifestaciones para evitar su desarrollo. ¿Por qué cambiaron los miembros de la Comarca?

No dudo que el tema se politizó. La reforma al Código de Minas, una necesidad de Estado por lo obsoleto de un código que tenía más de 40 años y se había quedado atrás en regalías y necesidades de controles ambientales, empezando porque al aprobar el código anterior no había la conciencia mundial por la conservación del ambiente, además de lo poco que areneras y canteras aportan a los respectivos municipios. Si bien es cierto que la discusión debió darse en el marco de lo que contienen los cambios, incluyendo lo controversial de la explotación de recursos nacionales por inversiones de gobiernos extranjeros, nunca debió caer en discutir si se permiten la minería o no. Y menos aun, nunca creí que vería a los miembros de la Comarca enfurecidos por la posibilidad de desarrollar el proyecto de Cerro Colorado. Una comarca desprovista de infraestructura, desprovista de oportunidades de trabajo para sus integrantes, ahora rechazan la posibilidad de un proyecto que genera miles de empleos directos, cientos más indirectos, asegura infraestructura y sacaría el área de la pobreza.

Recuerdo aquella reunión con los indios y el general Torrijos donde los discursos eran similares por cada orador, ‘indio querer centro de salud’, ‘indio querer casa comunal’, ‘indio querer acueducto’, y así continuaban las intervenciones. Hoy, asumo, ‘indio querer seguir pobre’ le dirían a Torrijos. En ese marco lamento el liderazgo de los actuales caciques que no han pasado la época de caza y pesca y no comprenden que sus descendientes tienen derecho a lograr una oportunidad en un mundo donde la tecnología permite la explotación minera con mucho mayor control que en el pasado. Los países hoy, en este mundo globalizado, invierten y buscan afanosos los minerales necesarios por el desarrollo moderno. Hoy el cobre es un mineral apreciado, necesario en el desarrollo industrial. Tontos seríamos si no sabemos diseñar un contrato ley que proteja los intereses nacionales y también garantice el aporte a las áreas de donde se extraiga el mineral.

Recuerdo la parábola del Señor de los denarios a los tres familiares, y cómo criticó al que perdió el suyo, igual que al que por guardarlo no lo multiplicó. Solo ensalzó al que lo invirtió y lo multiplicó. Hoy, esos recursos que la naturaleza nos ha dado son nuestros denarios, podemos guardarlos o multiplicarlos. A los ojos del Señor, solo creo que hay una opción.